La publicidad navideña en la televisión de España

Discutida y alabada por igual, una de las características de las festividades navideñas es el consumismo; y, en este contexto, los anuncios televisivos de Navidad, que, a menudo tienden a la emotividad y la lágrima fácil, terminan por convertirse en hitos de la memoria popular.

Desde la llegada de la televisión a España – con el inicio de las retransmisiones de Televisión Española en 1956 – los anuncios navideños han sido un elemento anual clave para las agencias publicitarias. La campaña de Navidad, considerada la más importante y potente del año, mantiene como eje el “engagement” o la búsqueda de la empatía con el consumidor, y lo consigue recurriendo a mensajes que apelan a la emotividad, pero también en clave de humor o de denuncia de problemas sociales.

Televisión Española, convertida en la única cadena televisiva disponible en los televisores de los españoles durante décadas, se erigió como elemento clave en el desarrollo de las campañas festivas que configuraron la memoria colectiva de generaciones en España: las muñecas de Famosa; 1880: el turrón más caro del mundo; “vuelve a casa por Navidad”; o el calvo de la Lotería, son ejemplos de ello.

Ahora, no obstante, está fuera del juego. Desde 2010, la publicidad en TVE se limita a la autopromoción y a los anuncios que forman parte de “paquetes en emisión”, es decir, los anuncios de patrocinadores de ciertos programas (partidos de fútbol o de baloncesto, eventos deportivos en general, etc.).

La Lotería de Navidad

El anuncio del Sorteo Extraordinario de Navidad se ha convertido en los últimos años en un hito en la campaña navideña. Entre 1998 y 2005, los anuncios fueron protagonizados por el actor Clive Arrindell, popularmente conocido como “el calvo de la Lotería”. En 2006, desapareció; el motivo, según le dijeron, era que “ensombrecía la Lotería”.

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Clive Arrindell, “el calvo de la Lotería”, en uno de los anuncios que protagonizó. – Yo Fui a EGB.

Desde entonces, los anuncios han ido tomando, cada vez más, un tono emotivo. En la última década de publicidad de la Lotería en Navidad, destaca el – infinitamente parodiado – anuncio de 2013, con Raphael, Monserrat Caballé, Marta Sánchez y Niña Pastori cantando en un pueblo de Segovia; o el de 2014, en el que en un bar habían guardado un décimo premiado a un cliente asiduo. Desde ese anuncio de 2014, el eslogan se ha mantenido: “El premio es compartirlo”, y en torno a él se han desarrollado los argumentos de las campañas posteriores: el de la fábrica de maniquíes y el de Carmina, la maestra jubilada.

El primer anuncio del año

Otro de los momentos clave dentro de la campaña es Nochevieja. Anunciarse en Fin de Año en televisión puede llegar a costar hasta 7000 euros por segundo.

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El papel de Coca-Cola en la creación icónica de Papá Noel

Encontramos las primeras referencias e ilustraciones del personaje mitológico que trae regalos a los niños por Navidad hacia el siglo XIII, eran representaciones de San Nicolás  (Santa Claus es la derivación del nombre holandés de San Nicolás: “Sinterklaas”), conocido en la cultura cristiana de Europa central por traer regalos a los niños que habían sido ‘buenos’ en la noche del 6 de diciembre.

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Papá Noel vestido de rojo para un anuncio de ‘sugar-plums´en 1868. (Public Domain Review)

Pese a que San Nicolás da origen al actual Papá Noel, la realidad es que el mito pagano del personaje que trae regalos a los niños se dio en diferentes culturas mucho antes: en la Antigua Roma se celebraban fiestas en honor a Saturno en las que los niños recibían regalos de los mayores; y, posteriormente, en Italia, se desarrolló la leyenda del hada Befana que traía regalos a los pequeños, mientras que, con más connotaciones religiosas, en España se consolidaba la tradición de celebrar la Epifanía de Reyes (6 de enero) de la misma manera.

No obstante, la imagen actual de Papá Noel se esbozó por primera vez en 1822, a través del poema A Visit From St. Nicholas de Clarke Moore, que daba la descripción de San Nicolás que marcaría las representaciones gráficas a lo largo del siglo XIX y hasta la actualidad.

He was dressed all in fur, from his head to his foot,

And his clothes were all tarnished with ashes and soot; […]

His cheeks were like roses, his nose like a cherry!

His droll little mouth was drawn up like a bow

And the beard of his chin was as white as the snow; […]

He had a broad face and a little round belly,

That shook when he laughed, like a bowlful of jelly.

He was chubby and plump, a right jolly old elf.

Clarke Moore lo caracterizaba, así, como “vestido en pelo de la cabeza a los pies”, con “mejillas como rosas y nariz como una cereza” y “barba tan blanca como la nieve”. Además, añadía, “tenía una pequeña barriga redonda que se movía cuando reía”, “era regordete y rechoncho, un viejo elfo feliz”.

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Primera ilustración de Papá Noel utilizada por Coca-Cola para publicidad. Dibujo de Thomas Nast del siglo XIX. (Public Domain Review)

Al inicio del siglo XX, interesaba desde el sector publicitario crear un icono que identificara la Navidad consumista a nivel internacional; así fue como, hacia 1920, Coca-Cola utilizó a un Papá Noel vestido de rojo, color característico de la marca, para una campaña publicitaria en The Saturday Evening Post. La imagen utilizada fue un dibujo del ilustrador Thomas Nast que, en realidad, databa de finales del siglo XIX y en el que el personaje vestía un traje rojo que no guardaba relación alguna con la empresa.

La ilustración de Nast no es la única aparición del rojo anterior a Coca-Cola, otra representación anterior, en este caso perteneciente a un anuncio de Sugar Plums – gominolas azucaradas – ya vestía a Papá Noel de rojo, aunque, en este caso, el gorro era verde.

No sería, no obstante, hasta 1931, cuando, esta vez sí, Coca-Cola diseñaría al Papá Noel que conocemos hoy en día. La empresa encargó al dibujante Haddon Sundblom un Papá Noel que “estuviera a medio camino entre lo simbólico y lo real” y que fuera “la personificación del espíritu navideño”. El dibujante admitió haberse inspirado en San Nicolás para crear un personaje que pudiera calar en el público y el resultado tuvo tal efecto que Coca-Cola le encargó los diseños anuales de Navidad hasta 1964.

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Cartel publicitario reciente de Coca-Cola con el eslogan “share the happiness” (comparte la felicidad). (Guruprasad)

 Así, no fue Coca-Cola quien creó la representación actual de Papá Noel, si bien sí que influyó, a través de sus campañas publicitarias, en la imagen social que hay del personaje hoy en día; y continúa haciéndolo, relacionando la Navidad con la “felicidad” de Coca-Cola. “Share the happiness” (comparte la felicidad) rezaba uno de los eslóganes de sus múltiples campañas navideñas.


Fuentes:

 

 

La censura franquista en los carteles de cine

La industria del cine estadounidense se convirtió en dominadora del panorama cinematográfico mundial durante el primer tercio del siglo XX. No encontró rival: Europa era débil en esos campos y las películas de Hollywood, altamente exportables, configurarían tempranamente una visión y una manera de concebir el cine. Se trata de toda una colonización cultural.

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El cartel de la película La Dama de Trinidad (1952) antes y después de pasar el filtro censor. Quo.

El cine es cultura pero también es ideología y propaganda y desde la España franquista se desarrolló una fuerte estructura censora que llegaba incluso a la prohibición de la exhibición de ciertas películas o a la eliminación de partes de las mismas: los informes de censura alegan, entre otros motivos, el tratamiento de temas religiosos y militares “con desenfado inadmisible”, la existencia de “frases sobre la democracia” o la aparición en segundo plano de “unas señoras gordísimas casi sin ropa” en las películas prohibidas.

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Janet Leigh en un fotograma de la escena de Psicosis (1960) que fue censurada por el franquismo. EAM cinema magazine.

Entre las escenas cortadas, destaca la escena del apuñalamiento en Psicosis (1960) que fue censurada por la aparición de la “morbosa” figura desnuda de Janet Leigh; o la eliminación de las referencias republicanas en Casablanca (1942). Ni siquiera los clásicos se libraron de los vetos: Con faldas y a lo loco (1959) se prohibió por tratar la homosexualidad – concretamente, el expediente de censura dicta “prohibida, aunque solo sea por subsistir la veda de los maricones”; y Drácula (1958) fue considerada un “peligro para los psicológicamente débiles” y, en definitiva, “una historia para deficientes mentales”.
Se controlaban los diálogos y se prohibía la emisión de cualquier película en “otro idioma que no sea el español”. Así, todos los filmes tenían que pasar el filtro del doblaje. Un doblaje que debía hacerse en territorio nacional y por personal español.

No obstante, la censura no se limitaba al contenido de los filmes sino que traspasaba los límites de la ficción. El franquismo llegó a ordenar la modificación de carteles para eliminar los nombres de actores norteamericanos que se habían posicionado abiertamente a favor de la República durante la Guerra Civil española. Fue el caso de Joan Crawford, Franchot Tone y Robert Montgomery, cuyos nombres fueron sustituidos en el cartel de la película No Más Mujeres (1935) por “las tres estrellas”.

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Cartel de la película No más mujeres (1935) en su versión estadounidense (izq.) y en su versión española (der.) donde los nombres de los actores fueron sustituidos por “la película de las tres estrellas”. CltraClctva.

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